Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

¿Con qué frecuencia te quejas? ¿De qué te sirve? ¿Consigues cambiar la situación?

Hay personas que ante una situación percibida como adversa o incómoda o cuando no le salen las cosas como quieren, eligen adaptarse, aprender y mejorar, mientras otras se quedan fijadas en la queja.

Con la queja expresamos que algo está mal o debería ser de otra manera según nuestro criterio. Se caracteriza porque es expresada con un tono negativo y una emoción de malestar. Y lo más curioso de ella es que no ayuda a mejorar la situación.

Y tú, ¿te quejas?

Puede que pienses que eres de las personas que no se queja y es muy posible que te sorprendas de la frecuencia con la que lo haces, porque solemos hacerlo de forma automática. De hecho, hay muchas personas que no son conscientes de que se están quejando continuamente. Tampoco del efecto que causa en ellas mismas ni en los demás.

¿De qué te quejas?

Hay personas que se quejan de todo, a cualquier cosa le ponen una pega. Se quejan de las cosas que podrían estar bajo su control, como no tener suficiente dinero y también de aquellas que no, como es el caso del tiempo atmosférico.

Otras veces usan la queja para reclamar algo a alguien para que le ponga solución, como en el caso de una reclamación en un hotel. En estos casos la queja como tal puede ir acompañada de un tono negativo, cargado de crítica, reproche y exigencia.

Bajo mi punto de vista, cuando la queja se dirige hacia la actuación de otras personas implica resentimiento, crítica, falta de comprensión y empatía. Y la pregunta a hacerse sería: ¿Honestamente sería capaz de hacerlo yo mejor? ¿Tengo la solución? ¿Realmente lo ha hecho con mala intención? 

Cuando se dirige a situaciones que además están más allá de nuestra influencia directa, va acompañada de falta de aceptación, de flexibilidad y de adaptación, como cuando nos quejamos del tiempo caluroso, frío o lluvioso.

¿Qué efectos tiene la queja? ¿Qué consigues con ella?

Con la queja pones el foco en la carencia, en lo que falta, te desagrada o está mal según tú. Supone un gasto de energía que alimenta un pensamiento negativo y estado de ánimo bajo, pesimista y malhumorado. Hace que te sientas mal porque te mantiene en la insatisfacción, el resentimiento, la frustración y la impotencia. Si quieres sentirte mejor, la clave está en pensar de otra manera. Ya sabes que el malestar depende de cómo percibes e interpretas las situaciones que vives, como te indicaba en el post “Cambia tu mirada”.

La queja te sitúa en un papel de víctima, te mantiene centrado y atrapado en el objeto de la queja, impidiéndote ser una persona proactiva, dar un paso adelante y hacer algo para solucionarlo, porque no ves más allá. De hecho, la finalidad de la queja no es ponerle solución a los problemas. Su finalidad es  evitar asumir la propia responsabilidad para cambiar las cosas. Supone una inversión de energía para mantenerte donde estás.

En cualquier caso, una persona que se queja continuamente aparece como tóxica y cuanto menos, nos aburre, al menos a mí. 

Las personas que se quejan atraen a otras personas que también lo hacen. ¡Cómo si no hubiera cosas más interesantes que hablar!

¿Cómo lo hago?

1. Toma conciencia de la presencia de la queja en tu vida. Elige un día para observar la frecuencia con que te quejas. Puedes hacer una lista de ellas para pasar al siguiente paso.

2. Señala cuáles de tus quejas son cosas bajo tu posible área de influencia y cuáles no. Considera si depende de ti cambiar la situación. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer respecto a esta situación? ¿Qué puedo aprender de ello? Ten en cuenta que lo que la vida te presenta quizás tiene que ver con el aprendizaje que has de realizar para resolver determinado tipo de situaciones. ¿Es esto tan relevante como para sentirme con este malestar? Quizás se trate de aceptar que a veces hace frío y a veces hace calor y lo que ocurre puede convertirse en una oportunidad para explorar una nueva acción.

3. Si algo no te gusta, cámbialo. Reflexiona acerca de los pensamientos alternativos que puedes adoptar y piensa qué puedes hacer para cambiar lo que no te gusta o te molesta, practicando la proactividad, iniciando conductas alternativas, como buscar solución, descubrir una nueva oportunidad o incluso reírte.

4. Elige cambiar el foco de tu atención y disfrutar de la vida más de lo que lo vienes haciendo si es que eres de las personas instaladas en la queja. Una buena manera de conseguirlo es practicando la gratitud. Puedes leer acerca de ello en el post “Practica la gratitud”.

5. Cuando la queja tenga que ver con un reclamo a alguien, hazlo de modo amable y respetuoso utilizando la comunicación con empatía. Puedes leer acerca de ello en el post “Comunícate con empatía”.

Decide permanecer un día sin quejarte. Y cuéntame cómo te has sentido, ¿de acuerdo? Es más difícil de lo que parece, pero ¡estoy segura de que vas a conseguirlo!

 

[Artículo escrito en colaboración con Julia Arteaga. Alumna de la formación de EFT en Sanación y Bienestar]

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