“Si no perdonas por amor, perdona al menos por egoísmo, por tu propio bienestar”.

Dalai Lama

¿Sabes a quién haces daño realmente cuando no perdonas?

El perdón es de las cosas más liberadoras que puedes hacer. Con la fantasía de hacer daño a quien consideras tu ofensor, a quien  realmente haces daño es a ti. Mientras no perdones, permaneces vinculado a esa persona, ya sea en forma de resentimiento, enfado o tristeza, y quien sufre eres tú. Ten en cuenta que además es posible que esa persona ni siquiera esté afligida por el odio o rencor que a ti te envenena. En este sentido, perdonar te libera de las ataduras del pasado.

Mientras no perdones a tu ofensor, permaneces vinculado a él y quien sufres eres tú. Clic para tuitear

Si además la resistencia a perdonar está acompañada de deseos y planes de venganza, alimentas una espiral de violencia que genera más sufrimiento y que te impide avanzar en la vida. No podrás vivir el presente plenamente ni construir un futuro mejor porque estarás aferrado al recuerdo del pasado. No perdonar te mantiene en la intranquilidad, pudiendo llegar a robarte el sueño. Al perdonar te regalas paz.

Al perdonar te liberas del sufrimiento y te regalas paz. Clic para tuitear

¿Qué significa perdonar?

Perdonar significa adoptar una mirada más comprensiva, amorosa y compasiva hacia los demás. Perdonar no tiene por qué significar admitir que lo que hizo esa persona es aceptable. Sí significa que puedes llegar a comprender las dificultades o impedimentos que tuvo o tiene para actuar de otra manera. Entender que esa persona ha hecho lo mejor que ha podido y ha sabido, fruto de lo que ha experimentado y aprendido en su trayectoria vital. Es tomar conciencia de que, como tú, carga con su propia mochila de heridas emocionales y creencias limitantes.

Perdonar significa salir de la rigidez de un único punto de vista en el que atribuyes malas intenciones hacia tu persona por parte del “ofensor”, pudiendo entender que esa persona, al igual que tú, es imperfecta y se equivoca. También que hay otras posibles interpretaciones que pueden explicar lo que ocurrió. Por ello, implica ampliar la mirada más allá de la ofensa.

Perdonar significa adoptar una mirada más constructiva. Significa atribuir nuevos significados a los hechos que ocurrieron. Y por qué no, poder ver cómo tú con tu actuación, también has podido contribuir a lo que ocurrió.

Perdonar no significa que todo vale. No significa permanecer en una relación a costa del traspaso de los límites de lo que para ti es inaceptable. Puedes comprender y perdonar y aún así, decidir retirarte de lo que te hace daño, de lo que consideras injusto e inaceptable en respeto de ti y de tus valores.

Sabrás que has perdonado porque la compasión, la comprensión y el amor se abrirán paso en sustitución del enojo y del deseo de venganza.

En síntesis, el perdón implica una nueva comprensión que genera un espacio nuevo de relación con lo que ocurrió y con todas las personas implicadas. En este sentido, permite integrar experiencias vitales desde el agradecimiento y el aprendizaje. En más de una ocasión, transformar el significado de una experiencia te permitirá convertir los errores en aciertos o los traumas en lecciones para crecer.

¿Cómo lo hago?

  • Interésate por conocer los motivos que llevaron a quien te ofendió a actuar como lo hizo. ¿Cuál es su historia?
  • Reflexiona acerca de cómo has contribuido tú a los hechos que ocurrieron.
  • Piensa en el aprendizaje que supone para ti lo ocurrido. Conviértelo en una lección para crecer.
  • Si para ti es importante reparar la relación, habla con esa persona a quien aún no has perdonado. Comunícate con ella de forma asertiva, desde la comprensión y a la vez expresándole tu dolor, tus sentimientos y tus necesidades.

“No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus acciones. Lo que realmente importa en lo que pasó esta mañana no es que un joven oficial de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a los gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, haya procurado comprenderlo y hasta me hayan entrado ganas de preguntarle: “¿Fuiste feliz cuando eras niño? ¿Tu novia te decepcionó?”. Sí, el joven tenía un aire atormentado, de víctima, estaba triste, parecía sentirse débil. Habría querido empezar a ayudarlo en ese mismo momento porque sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás”.

El diario de Etta Hillesum.

Te invito a practicar este hábito desde hoy mismo y compartir con nosotros tu experiencia y tus resultados. ¡Juntos hacemos Sanación y Bienestar!

Dedicado a todas esas personas que una vez me hicieron daño, esos grandes maestros que me impulsaron a aprender y crecer.
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